La comida favorita de los presidentes dominicanos

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Margarita Quiroz
Si a una muestra significativa de dominicanos se le preguntara cuál usted cree que es o fue la comida preferida de nuestros mandatarios, tomando como punto de referencia el período comprendido entre la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y la actual administración del presidente Danilo Medina, de seguro, antes de responder, elucubrarían sobre nombres complejísimos de recetas icónicas de la alta cocina mundial y sus costos.
Es lógico suponer que un jefe de Estado, que lo tiene todo a sus pies gracias a su alta investidura, posee o adquiere gustos gastronómicos difíciles de descifrar y, por demás, muy por encima del ciudadano común.
Pues fíjese que no. Para sorpresa, la realidad es que en nuestro país a la mayoría de los hombres a quienes les ha tocado dirigir los destinos de esta nación, no se les da eso de complicarse el paladar, por lo menos es lo que nos han confesado personas muy cercanas a ellos.
Los invitados a este banquete son: Danilo Plutarco Medina Sánchez, Rafael Hipólito Mejía Domínguez, Leonel Antonio Fernández Reyna, Joaquín Antonio Balaguer Ricardo, José Salvador Omar Jorge Blanco, Jacobo Majluta Azar, Silvestre Antonio Guzmán Fernández, Juan Emilio Bosch Gaviño y Rafael Leónidas Trujillo Molina, todos presidentes de nuestro país, ocho de ellos elegidos de forma democrática y, el último, responsable de someter a los dominicanos, por más de 30 años, a una de las dictaduras más sangrientas del mundo.
De estos nueve presidentes, seis ya han fallecido. El resto: Medina, actual presidente de la República, reelecto para gobernar a partir del próximo agosto hasta el 2020, y los expresidentes Mejía y Fernández, quienes desde el Partido Revolucionario Moderno y el Partido de la Liberación Dominicana gravitan en el escenario político en busca de saborear algo más.
Hoy les pedimos que dejaran a un lado las diferencias políticas y se sentaran a la mesa, todos juntos. La ilustración que encabeza nuestras páginas centrales -4 y 5- creada por nuestro ilustrador Wilson Morfe, muestra un imposible.
La idea es acercar al pueblo a estos grandes líderes dominicanos, desvelar parte de sus intimidades y que conozca qué comen o qué comían a la hora de entrar los pies debajo de la mesa.
En el caso del presidente Medina, hablaron su esposa Cándida Montilla de Medina, y sus hijas Sibely, Vanessa y Ana Paula. En tanto, sobre los gustos culinarios del expresidente Mejía, amigos y periodistas cercanos, acostumbrados a participar en sus frecuentes encuentros sociales, nos proporcionaron algunas pinceladas, ya que el esfuerzo de consultarlo o, en defecto, a algunos de sus familiares, fue en vano.
Sobre el expresidente Fernández se mostró muy a gusto de conversar su buen amigo y cercano Jimmy Sierra. Joaquín Ricardo, sobrino del expresidente Balaguer, con su característica amabilidad, nos confió cuáles alimentos le hacían la boca agua a su tío, en tanto, el abogado y político Orlando Jorge Mera habló sobre Jorge Blanco, su padre. Lo propio hizo doña Sonia Guzmán, la muy querida hija del expresidente Guzmán Fernández.
Sobre los gustos culinarios de Majluta nos confió detalles un cercano amigo, el escritor y político Tony Raful y Mildred Guzmán, secretaria por más de 25 años de Juan Bosch, desde su residencia en Nueva York nos contestó vía correo algunas de nuestras inquietudes. Finalmente, testimonio de Angelita Trujillo y algunos libros de historia nos han servido para ilustrar los gustos culinarios del dictador.
¿Qué comen? o ¿qué comían? Así como algunos de ellos llevan el apellido Fernández o el nombre Antonio, curiosamente todos prefieren o preferían, por encima de cualquier manjar, la comida criolla, siendo la carne de pollo la preferida, y en casi todos se da la coincidencia de que no les gusta o gustaba mucho comer.Menú presidencial
 Danilo Medina. Al actual presidente de la República lo hemos visto no solo saltar charcos sino también comer puré de cepa de apio con arenque en casa de un caficultor en San José de las Matas, almorzar la bandera (arroz, habichuela y carne) en una escuela de Cristo Rey, donde se imparte la Tanda Extendida e igual menú durante una visita al Instituto Politécnico Loyola, en San Cristóbal.
¿Pero creen ustedes que esto es una pose o simple estrategia política? Pues no, según su esposa y sus tres hijas lo que hemos visto en las noticias y en las redes sociales es la pura realidad.
 Su esposa Cándida Montilla de Medina, en un reportaje que hiciéramos para estas páginas, en mayo pasado, nos confesó que su esposo disfruta de las carnes y pastas, sin embargo, sus hijas Sibely, Vanessa y Ana Paula, en su primera y única presentación televisiva ampliaron un poco más sobre las preferencias culinarias de su papá
¡Escuche bien!, al hombre número uno del país, le gusta comer, todos los días, lo mismo que come cualquier mortal dominicano: la bandera.
Para el mandatario la familia es muy importante, por tal razón, según sus hijas, antes y después de ser presidente y hasta en tiempo de campaña siempre saca el espacio de la 2:00 de la tarde, para compartir en la casa el almuerzo.
¿Y qué del desayuno y la cena? según Sibely, la hija mayor del mandatario, a su padre le encanta comer víveres acompañado de aguacate, dieta que puede repetir en el desayuno y en la cena. “Todos los días desayuna y cena víveres, yo no puedo, se desayuna hasta con aguacate”, recalcó Sibely en el programa Ojalá que se difunde por la televisora estatal.

Hipólito Mejía. A  este expresidente, agrónomo de profesión, todos lo hemos escuchado decir chistes sobre productos agrícolas, en especial de la yuca, pero a él no solo le gusta bromear sobre este tubérculo, sino también comerlo.
Acostumbra a desayunar muy temprano y fuerte, a eso de las 7:30 de la mañana, con yuca o ñame, plátano o guineíto, yautía o auyama… en fin, en su desayuno o cena siempre hay víveres acompañados de embutidos y quesos de sabores fuertes. No toma café temprano, pero sí leche o chocolate, como pudimos comprobar en un reportaje que le hiciera Nuria Piera en junio de 2011.
El pollo es su carne preferida con moro de habichuelas rojas, su arroz favorito.
Según nuestras fuentes, el expresidente no es de mucho comer, sin embargo, como buen cibaeño, disfruta que otro lo haga y esta es la razón por la que en su casa siempre hay mucha gente.
Comunicadores dan testimonio de que cuando el expresidente hacía encuentros en su residencia campestre de San Cristóbal recibían muy buenas atenciones de él y su esposa, doña Rosa Gómez.
Leonel Fernández. Una gran parte de la adolescencia de este expresidente la vivió en Estados Unidos y tal vez esta sea la razón por la cual siente una gran debilidad por la Coca-Cola y la pizza. Sin embargo, como cuenta su íntimo amigo el cineasta Jimmy Sierra, su comida preferida es la criolla. Disfruta de la pechuga de pollo a la plancha, el arroz, las habichuelas y los plátanos maduros fritos. Pero eso sí, no come aguacate, “pues dice que le cae mal”, confiesa, quien para muchos es uno de sus mejores amigos.
Una vez – esto a manera de anécdota- dice Jimmy, “íbamos del Medio Oriente hasta Madrid y en el hotel vi que a la habitación de Leonel entraban un caldero de sancocho, como a la una de la mañana y se lo comió. El personal de la embajada dominicana allí se enteró que él llegaba y quiso sorprenderlo”, enfatiza.
Por los afanes propios de su trabajo, Leonel no suele ir a restaurantes del país, dice Jimmy, pero cuando está de viaje aprovecha para disfrutar de la cocina internacional. ¿Preferencias?, la italiana y la japonesa.
Tampoco tiene una hora específica para comer, pero sí lo hace rodeado de muchas personas. “Le gusta comer en grupo, a veces comemos diez, quince y hasta veinte personas y él lo disfruta, es uno de sus momentos favoritos”, comenta.
Al igual que Danilo, la cena es la comida favorita de Leonel. También disfruta de la entrada, “en ese momento come de todo, pan, ensalada, en fin… es de buen comer, y aunque su médico, Daysi Ventura, trata de someterlo en un régimen dietético, él siempre se escapa”, concluye el apacible amigo.
Joaquín Balaguer. Sobre la longevidad del expresidente Joaquín Balaguer se tejieron varias historias, una de ellas era que esta característica era producto de que el líder y fundador del Partido Reformista Social Cristiano bebía todos los días jugo de jagua, y que esta fue la “pócima” que le permitió vivir hasta los 95 años.
No sabemos qué tan cierta es la eficacia de este zumo, sin embargo, lo que sí podemos decir que ciertamente Balaguer tomaba esta refrescante bebida que solía alternar con jugo de zanahoria y naranja.
Para Joaquín Ricardo, uno de sus sobrinos favoritos y quien ocupó importantes cargos durante sus mandatos, Balaguer se cuidaba de forma excesiva y era muy selectivo con los alimentos y la forma como los preparaban, por lo que esta pudo haber sido la clave.
Balaguer -como bien nos confesó su sobrino Joaquín- prefería comer pescado y carne blanca. Era “amantísimo” del pollo, en sus diferentes preparaciones, y antes de almorzar consumía un consomé de la misma carne.
“Yo te puedo hablar de los 50 para acá, Balaguer era cuidadoso con la alimentación, era una persona muy dada a lo nuestro, de comer sencillo, de comidas no muy elaboradas, ni gourmet, lo que no quiere decir que no las comía”, dice.
Sus hermanas se dedicaban a él y cuidaban de su alimentación, en especial Alicia (la señorita Chichita) y una empleada llamada Clara que se encargaba de las tareas de mayordomía, nos comenta tras aclarar que el líder político e intelectual, no era de mucho comer, “mejor dicho era frugal, siempre orientado a la comida sana. Era amante del aceite de oliva”.
Desayunaba avena entre 9:00 a 10:00 de la mañana, mientras la hora de la comida la extendía entre 3:30 a 4:00 de la tarde, casi siempre en la casa. Nunca cenaba, aunque Joaquín desconoce las razones.
Joaquín recuerda que era un hombre de disciplina. “En la campaña del 82 al 86, cuando se implementaron las asambleas primarias, él pasaba el día fuera y nunca lo vi comer, siempre lo hacía a la hora que llegaba a la casa”.
Pese a sus problemas de visión, siempre fue una persona autosuficiente -destaca-, comía solo, excepto en días festivos, como Navidad.
Jorge Blanco. Como bien nos explica Orlando Jorge Mera, el expresidente Jorge Blanco era un hombre de rituales. Por la mañana, todos los días y bien temprano, acostumbraba a tomar un vaso de agua a temperatura ambiente, una cucharada de miel y luego un consomé de res.
A media mañana solía comer frutas e ingería jugos naturales.
Cada primero de enero, comía una sopa de lentejas, “dizque para atraer la buena suerte”, una tradición española, que Orlando no recuerda de quién adoptó.
Salvador, como bien nos comenta su hijo, no era de comer mucho, al igual que su esposa, doña Asela Mera, “ambos comían poco, como pajaritos”.
Los fines de semana, cuando la jornada laboral solía flexibilizarse un poco, desayunaba mangú con queso frito, huevo y salami.
Disfrutaba de la sazón de doña Domitila, una señora de origen santiaguero que solía viajar a la capital sólo a prepararle algunas de sus recetas cuando doña Asela no podía, ya que según Orlando era una excelente chef.
Salvador comía mondongo, arroz, habichuelas, carne… pero su comida favorita era el chivo guisado con moro de guandules.
“Mi mamá muchas veces lo sorprendía con uno que otro plato, ella era una gran chef, le cocinaba hasta pierna de chivo al horno, y él lo disfrutaba”, dice.
Afirma que pese a todas sus obligaciones su papá era muy familiar: “Hacía todo lo posible por compartir con mi mamá, mi hermana Leticia y yo una de las tres comidas, que por lo general era el almuerzo; al finalizar disfrutaba de un postre de guayaba”, puntualiza.
Recuerda que en su adolescencia, su hermana y él iban al Palacio a comer con sus progenitores, ya que también doña Asela trabajaba allí, como la secretaria personal del presidente.
Jacobo Majluta. “Jacobo comía mucha carne, filete de res, chuleta, pollo… sus comidas favoritas eran todas a base de carne, la disfrutaba, e incluso discutíamos sobre sus gustos porque para ese tiempo yo era medio vegetariano”, relata Tony Raful, quien fue su amigo y un cercano colaborador.
Nunca comía pan, por prescripción médica, y como aperitivo solía disfrutar de diferentes tipos de quesos con casabe y aceite de oliva.
“Para 1977 iniciamos una relación fraternal, fue una relación de padre a hijo; Jacobo era una persona que demostraba ser amigo de los amigos, afable y buena gente”, recuerda Tony, quien destacó que el político de origen árabe también disfrutaba de esa comida y del café, bebida que tomaba a cualquier hora del día.
Tony confiesa que Jacobo casi nunca acostumbraba a comer a la hora establecida, por un estilo muy propio.
Sus horas de trabajo, que se extendían hasta las 3:00 y 4:00 de la mañana, comenzaban después del mediodía, porque él decía que nada importante surgía en la mañana. Este estilo de vida lo llevó a disponer, cuando fue presidente del Senado, el inicio de las sesiones a la 1:00 de la tarde, disposición que se cumple hasta el día de hoy.
Antonio Guzmán. Sobre este destacado presidente, Sonia Guzmán -su hija- nos detalló algunas de sus intimidades.
Cuenta que Guzmán oraba a la Virgen de la Altagracia al sentarse a la mesa y que su comida favorita era el pollo guisado, sin salsa, o en su defecto asado, acompañado de arroz y habichuelas.
“Un marino llamado Plinio era el encargado de prepararle sus alimentos. Mamá cocinaba muy rico, pero platos más sofisticados que a él no le gustaban tanto. Los comía, pero no eran sus preferidos”, dijo.
Casi nunca era puntual a la hora de comer, pues la jornada laboral se lo impedía, “pero cuando podía, los fines de semana, compartía totalmente con su familia, desde el viernes en la noche, recuerda Sonia.
“Le cuento -dice-, a manera de anécdota, que uno de sus nietecitos, Miguel Eduardo, que nació estando papá en el poder, aprendió a comer vegetales con él. Ya de grandecito, cuando el nieto iba al preescolar, su mayor placer era desayunar o almorzar juntos”.
El dulce de naranja en almíbar o de leche cortada eran sus postres preferidos mientras un jugo de naranja con mucho hielo deleitaba su paladar.
Por lo general, madrugaba. Las 5:00 era la hora tope para estar en la cama.
Desayunaba, hacía ejercicios y recibía masajes de un entrenador, leía la prensa y veía las noticias por televisión. Ya a las 8:00 había desayunado, preferiblemente yuca, auyama, guineos verdes, yautía con huevo salcochado o un revoltillo sin grasa.
Juan Bosch. Este político e intelectual, al igual que Balaguer cuidaba excesivamente su alimentación, Mildred Guzmán, su secretaria, da testimonio de ello.
Comía pollo, vegetales a la plancha, paella y pastelón de plátano maduro o yuca, arroz, frijoles y ensaladas, principalmente de verduras verdes.
Cuando vivía en la César Nicolás Penson tenía su oficina al lado y cruzaba a comer con su esposa, dice Guzmán.
“Cuando lo conocí comía a las 2:00; luego comenzó la rutina de hacerlo a las 4:00, pues decía que así no tenía que cenar”, relata. Desde entonces perdió el hábito de ingerir alimentos por las noches.
Por tiempo tenía una bebida favorita, una vez era la Coca-Cola, otra el Seven-Up, pero nunca tomó café.
Le encantaban las galletas mocanas y los chocolates de la marca Kisses; los guardaba como un “tesoro” y los comía con frecuencia, ya que decía que el chocolate era bueno para las células del cerebro.
Se levantaba bien temprano y por igual consumía su desayuno a base de chocolate que él mismo preparaba la tarde anterior.
Algo a destacar es que el profesor Bosch acostumbraba a preparar el desayuno del personal de seguridad que amanecía en su casa.
Rafael Trujillo. El gusto excéntrico de este dictador lo llevó a tomar decisiones, tal vez nunca vistas en el país, con el fin de satisfacer su paladar.
En una visita que giró al dictador español Francisco Franco probó un cocido y fue tal su fascinación que se trajo al país a Lina, la cocinera que lo preparó. Disfrutaba de grandes banquetes y de la comida de calidad, pero lo que le fascinaba era el sancocho de gallina, el arroz con pollo y el requesón.
Según Angelita Trujillo, su hija, este cenaba temprano de 5:30 a 6:00 de la tarde, y después se iba a caminar, dos horas, por la George Washington.

 

 

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