María, una dominicana que cumplió el sueño americano vendiendo tabaco

0
29

Margarita Quiroz

 

Key West, Florida.- María Smith, aunque su apellido resulte chocante, es una santiaguera de pura cepa, mulata y de pelo crespo, que reside desde hace 13 años en esta pequeña localidad al sur más al sur de Estados Unidos.

Su historia no es para nada común, aunque el fin alcanzado es la aspiración de cualquier inmigrante. Ella es la representación viva de la mujer dominicana, valiente y emprendedora, la que sale de abajo pese a las vicisitudes, discriminación e incluso violencia doméstica. Las cicatrices de su rostro muestran las penurias vividas junto a quien es su esposo, un norteamericano quien, dos décadas atrás, trabajaba construcción para una importante cadena hotelera en Puerto Plata. Allí se conocieron, él le propuso matrimonio y vivir en la tierra prometida, Estados Unidos. De ahí el Smith.

Un sí quiero se convirtió en el pasaporte que la llevó en el 2002 a Key West (Cayo Hueso), una hermosísima y turística comunidad localizada al sur de la Florida, a unas 92 millas de Cuba y bañada a un lado por el Golfo de México y al otro por el océano Atlántico.

Sin embargo, los primeros seis meses de María en Key West no fueron para nada hermosos. Dice que lloraba todos los días. En su amado Santiago había dejado a su familia, vendió una joyería, que en ese entonces era su único medio de subsistencia y su esposo la golpeaba hasta por mirarlo.

Su historia hay que contarla o en este caso leerla. Cuando María llegó limpiaba casas y fregaba platos. Una norteamericana la subcontrató; por el trabajo cobraba 400 dólares y sólo le pagaba 10, pese a que María hacía la mayor parte.

Esta injusticia la llevó a aprender sus primeras palabras en inglés: Why do you charge $ 400 and just pay me 10, (Por qué tu cobras 400 dólares y sólo me pagas 10).

Pero esta situación no duró más de seis meses, según nos cuenta, una amiga puertorriqueña le quitó la venda de los ojos, pues no sólo su empleadora abusaba del fruto de su sudor sino también su esposo, quien cobraba la devolución por parte del gobierno de sus impuestos personales lo que en Estados Unidos se conoce como tax.

Ya establecida, con ciertas nociones del inglés y conocedora de sus derechos, decidió, 13 años atrás, reiniciar los negocios. En lugar de abrir de nuevo una joyería decide aprovechar un nicho en el mercado del tabaco, inaugurando Dominican Repúblic Cigar Shop Importer, la primera tienda en Key West dedicada a la venta de puros hechos a mano.

Ahora su esposo le llama “la pantera”, por ninguna razón se atreve a tocarla, y aunque viven en una misma casa, aún no están totalmente separados por asuntos de división de bienes.

Hoy la vida económicamente le sonríe, tiene dos tiendas de ventas de tabaco, en Key West, ubicadas en la calle Duval, 715 y 925, la avenida más importante de aquí y provee de mercancía a tres. Además una casa en Santiago y 13 apartamentos en Puerto Plata. Y, aunque el negocio, ahora, no es el mismo, ya que según dice los judíos se han apoderado de él “después que yo los enseñé”, vende entre 800 y 1000 dólares a diario. Esto aparte de la mercancía que vende cuando importa.

Artesanos dominicanos se dedican, cada seis meses, a abastecer sus negocios, y cuando la calidad del producto se ve afectada, por desidia del proveedor, prefiere ir a Nicaragua o a Las Vegas a comprarlo.

Su propia marca. Havano, aunque es el nombre que identifica a cualquier puro en el mundo, es la marca de los cigarros de María, enrollados a mano por artesanos dominicanos y con sabores a vainilla, cherry, miel cognac rum, pasión, canela y natural. Es el producto más costoso de sus tiendas, cuestan 20 dólares cada uno, mientras, las demás marcas las vende a 10 dólares. Uno de sus negocios es atendido por ella misma y el segundo por su hermana, la única pariente que tiene cerca.

Sus cigarros los han comprado grandes figuras, desde presidentes, artistas, actores y presentadores famosos de televisión. En sus tiendas, por la cual paga 2500 dólares mensuales de alquiler por cada una, posee fotos de quienes a ella le han comprado. Una día puede ser que le venda a Harrison Ford y otro, como el martes pasado, al presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, quien estuvo de visita por aquí, junto a una comitiva de nueve personas.

Ahora a sus 54 años, una larga vida de mucho trabajo y haber cumplido el sueño americano, su anhelo es regresar a su país a vivir junto a su hija, producto de su matrimonio. “En dos años regresaré”, dice.

No hay comentarios

Dejar respuesta